5 de diciembre.

Este poema lo escribí hace más de un mes. Es mi poema número 250, y quería dedicárselo a mi actual pareja, la chica más bonita del mundo. El plan para celebrar nuestro aniversario era el siguiente. Yo compraría unos pendientes y se los enviaría por correo postal para que le llegaran exactamente el día de nuestro aniversario, el viernes 5 de diciembre. Al leer en el soneto—que iba con los pendientes—que también le había regalado una flor, preguntaría por ella, y entonces yo fingiría que no pude enviarla. Más tarde alguien llamaría a su casa para entregarle una preciosa y pasional rosa de un intenso color rojo con algunas flores de adorno que encargué a una floristería situada cerca de su casa. Aquí están las dos fotografías, tomadas por ella. Y ahora mismo, después de verlas, leeréis lo que en realidad pasó.


Pues bien, me enteré el día anterior, el jueves 4 de diciembre, de que ella no podría recoger el regalo ni las rosas al día siguiente, así que llamé a la floristería y pedí que se las llevaran aquella misma tarde. Tardaron bastante, pero al final recibió las rosas y fue a recoger su regalo a Correos el martes siguiente. Pero, ¿sabéis una cosa? No todo salió mal. Ella sigue teniendo esos bonitos ojos marrones que me enamoran, esa linda sonrisa que me encandila, ese largo y suave cabello que me maravilla y, por qué no decirlo, ese culito que hace que me quede embobado mirándolo. Y la quiero con toda mi alma.

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